quarta-feira, 27 de maio de 2009

Evangelho do dia

Contemplar el Evangelio de hoy

© evangeli.net

Día litúrgico: Miércoles VII de Pascua 

Texto del Evangelio (Jn 17,11b-19):  En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad».

Comentario: Fr. Thomas Lane (Emmitsburg-Maryland, USA)

«Que tengan en sí mismos mi alegría colmada»

Hoy vivimos en un mundo que no sabe cómo ser verdaderamente feliz con la felicidad de Jesús, un mundo que busca la felicidad de Jesús en todos los lugares equivocados y de la forma más equivocada posible. Buscar la felicidad sin Jesús sólo puede conducir a una infelicidad aún más profunda. Fijémonos en las telenovelas, en las que siempre se trata de alguien con problemas. Estas series de la TV nos muestran las miserias de una vida sin Dios.

Pero nosotros queremos vivir el día de hoy con la alegría de Jesús. Él ruega a su Padre en el Evangelio de hoy «y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada» (Jn 17,13). Notemos que Jesús quiere que en nosotros su alegría sea completa. Desea que nos colmemos de su alegría. Lo que no significa que no tengamos nuestra cruz, ya que «el mundo los ha odiado, porque no son del mundo» (Jn 17,14), pero Jesús espera de nosotros que vivamos con su alegría sin importar lo que el mundo pueda pensar de nosotros. La alegría de Jesús nos debe impregnar hasta lo más íntimo de nuestro ser, evitando que el estruendo superficial de un mundo sin Dios pueda penetrarnos.

Vivamos pues, hoy, con la alegría de Jesús. ¿Cómo podemos conseguir más y más de esta alegría del Señor Jesús? Obviamente, del propio Jesús. Jesucristo es el único que puede darnos la verdadera felicidad que falta en el mundo, como lo testimonian esas citadas series televisivas. Jesús dijo, «si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis» (Jn 15,7). Dediquemos cada día, por tanto, un poco de nuestro tiempo a la oración con las palabras de Dios en las Escrituras; alimentémonos y consumamos las palabras de Jesús en la Sagrada Escritura; dejemos que sean nuestro alimento, para saciarnos con la su alegría: «Al inicio del ser cristiano no hay una decisión ética o una gran idea, sino el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da a la vida un nuevo horizonte a la vida» (Benedicto XVI).



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terça-feira, 26 de maio de 2009

Contemplar el Evangelio de hoy

© evangeli.net

Día litúrgico: Martes VII de Pascua 

Texto del Evangelio (Jn 17,1-11a):  En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar.

»Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu Palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado.

»Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti».

Comentario: Rev. D. Pere Oliva i March (Sant Feliu de Torelló-Barcelona, España)

«Padre, ha llegado la hora»

Hoy, el Evangelio de san Juan -que hace días estamos leyendo- comienza hablándonos de la "hora": «Padre, ha llegado la hora» (Jn 17,1). El momento culminante, la glorificación de todas las cosas, la donación máxima de Cristo que se entrega por todos... "La hora" es todavía una realidad escondida a los hombres; se revelará a medida que la trama de la vida de Jesús nos abre la perspectiva de la cruz.

¿Ha llegado la hora? ¿La hora de qué? Pues ha llegado la hora en que los hombres conocemos el nombre de Dios, o sea, su acción, la manera de dirigirse a la Humanidad, la manera de hablarnos en el Hijo, en Cristo que ama.

Los hombres y las mujeres de hoy, conociendo a Dios por Jesús («las palabras que tú me diste se las he dado a ellos»: Jn 17,8), llegamos a ser testigos de la vida, de la vida divina que se desarrolla en nosotros por el sacramento bautismal. En Él vivimos, nos movemos y somos; en Él encontramos palabras que alimentan y que nos hacen crecer; en Él descubrimos qué quiere Dios de nosotros: la plenitud, la realización humana, una existencia que no vive de vanagloria personal sino de una actitud existencial que se apoya en Dios mismo y en su gloria. Como nos recuerda san Ireneo, «la gloria de Dios es que el hombre viva». ¡Alabemos a Dios y su gloria para que la persona humana llegue a su plenitud!

Estamos marcados por el Evangelio de Jesucristo; trabajamos para la gloria de Dios, tarea que se traduce en un mayor servicio a la vida de los hombres y mujeres de hoy. Esto quiere decir: trabajar por la verdadera comunicación humana, la felicidad verdadera de la persona, fomentar el gozo de los tristes, ejercer la compasión con los débiles... En definitiva: abiertos a la Vida (en mayúscula).

Por el espíritu, Dios trabaja en el interior de cada ser humano y habita en lo más profundo de la persona y no deja de estimular a todos a vivir de los valores del Evangelio. La Buena Nueva es expresión de la felicidad liberadora que Él quiere darnos.



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terça-feira, 19 de maio de 2009

Crise de sentido e busca de Deus

Padre Elílio de Faria Matos Júnior

Hoje assistimos, atônitos, a uma grave crise que atinge a civilização como tal. As expressões de tal crise, encontramo-las sob variadas formas, desde a tresloucada posição de não poucos jovens diante da vida, posição esta marcada sobretudo pelo hedonismo (procura do prazer imediato e, não raro, irresponsável), ao problema ético ou moral que afeta a instituição familiar, a sociedade civil e o Estado, na política e na economia.

A crise deve-se sobretudo à falta de sentido. Com efeito, se não se vê com certa clareza o sentido a imprimir à existência, aí então perdem-se as condições de ordenar as coisas conforme uma escala de valores e dá-se lugar à confusão, ao imediatismo e à busca egoísta de "vantagens" pessoais.

A cultura moderna foi aos poucos tirando do homem o que lhe é mais próprio: a capacidade e o desejo de contemplar o sentido das coisas. As questões últimas (Donde venho? Quem sou? Para onde vou?) foram relegadas à condição de perguntas sem sentido. O que interessa à modernidade é o domínio da natureza, a técnica. Somente o conhecimento empiricamente constatável teria lugar (cientificismo). As perguntas fundamentais da vida humana deveriam ser deixadas de lado, pois o ser em si mesmo não teria sentido algum. O homem enquanto ser de transcendência seria um absurdo.

"Ao sábio compete ordenar", já sentenciava S. Tomás de Aquino (Summa contra gentes, I,1). É próprio da virtude da sabedoria, contemplando o todo, isto é, possuindo uma cosmovisão (uma visão global sobre a existência), ordenar os meios em conformidade com os fins. Nesse sentido, o sábio por excelência é aquele que tudo sabe ordenar em conformidade com o fim último de todas as coisas. Mas é justamente a virtude da sabedoria que está sendo esquecida entre nós. Sabemos muitas coisas, é certo. Certamente o homem jamais alcançou o saber científico e técnico de nossa geração. Mas, hoje, esquecemos a sabedoria – sapientia -, que não consiste simplesmente no saber particularizado do mundo técnico-científico, mas na capacidade de contemplar o todo, perceber o seu sentido e colocar-se em conformidade com ele. A capacidade de chegar a algo de básico, de absoluto. Se não se é capaz de contemplar o todo, não se é propriamente homem, mas se recai na imediatidade simplesmente animal, instintiva e cega. "O filósofo é aquele que vê o todo" (Platão).

Contemplar o todo significa dar-se conta da inteligibilidade radical de todas as coisas. E dar-se conta da inteligibilidade radical de todas as coisas implica ultrapassar a contingência do mundo para radicar-se no fundamento último de tudo. O homem é por natureza aberto ao todo: "O homem ultrapassa infinitamente o homem" (Blaise Pascal). A abertura do homem ao infinito do ser deve levá-lo a divisar o Ser mesmo, infinitamente real, "Aquele que é" (Ex 3,14), o Deus bendito pelos séculos. É essa mesma abertura que faz com que o homem não se contente com a "mundanidade", que não tem em si mesma a razão de seu ser. A busca pelo fundamento último de tudo não pode terminar senão em Deus. O mundo e o homem não se explicam a si mesmos, mas encontram sua razão de ser n'Aquele cuja essência é o próprio ato de existir.

Foi exatamente por ter esquecido o Absoluto, Deus mesmo, para o qual o homem foi feito, que nossa sociedade, desorientada, não sabe relacionar os meios com os fins. Aliás, nem sabe mesmo o que é meio e o que é fim. A Ética, carente do fundamento último das coisas, agita-se aos sabor das ideologias quando não se vê absorvida pelo niilismo. Ultimamente, frente aos absurdos cometidos pelo homem contra o próprio homem, procura-se, é verdade, um fundamento para a Ética. Tal fundamento, na verdade, está inscrito na Lei Natural, cujo porta-voz é a consciência humana bem formada. Entretanto, nem mesmo a Lei Natural será sólida base para a Ética se seu Autor, que lhe dá sentido e consistência de modo absoluto, for esquecido.

A crise do homem de hoje, em última análise, é uma crise religiosa. Se a criatura não vive em sintonia com seu centro, o Criador, desorienta-se. Este Criador, há dois mil anos, dignou-se em sua benignidade manifestar-se visivelmente aos homens em Jesus de Nazaré. A humanidade de Cristo tornou-se, assim, o sacramento do Eterno no tempo, o instrumento por meio do qual se nos abre o caminho para Deus, em quem encontraremos repouso e resposta para nossos mais legítimos anseios, anseios estes que este mundo contingente não pode nunca satisfazer.

Mais do que nunca, os cristãos somos chamados a ser "Mensageiros do Sentido", a anunciar ao mundo a boa-nova que nos vem do alto por Jesus Cristo, a proclamar que nossa vida tem sua razão de ser, mesmo se ela é, no presente momento, assinalada pelo sofrimento, pois "Deus, sumamente bom e todo-poderoso, jamais permitiria o mal se não pudesse dele tirar um bem maior" (S. Agostinho).

Encerrando, faço minhas as palavras do teólogo italiano Bruno Forte: "De modo particular, no tempo de penúria de esperança que é a época pós-moderna, deve o discípulo ser com sua vida antecipação militante da alegria da vida eterna, vitoriosa sobre o sofrimento, sobre o mal e sobre a morte, prometida em Cristo em seu regresso ao Pai. Apesar das provas e das contradições do presente, o povo de Deus é chamado a exultar desde agora na esperança" (A essência do cristianismo, Vozes, 2003).

sexta-feira, 15 de maio de 2009

A nobre e delicada 'não-mensagem' de Bento XVI no memorial do Holocausto

http://www.unisinos.br/_ihu/index.php?option=com_noticias&Itemid=18&task=detalhe&id=22237



A visita do Papa Bento XVI nesta segunda-feira ao Yad Vashem, o principal memorial de Israel aoHolocausto, foi anunciada nesta viagem como um momento de "tudo ou nada", um teste chave para ver se o pontífice conseguiria fazer as pazes com os judeus depois de diversos contratempos. Na manhã desta terça-feira, o principal comentário no Haaretz, o jornal diário de Israel, trazia esta reação: "Discurso de Bento mostrou indiferença e banalidade verbal".

Certamente, essa não era a manchete que o Vaticano estava esperando.

A análise é de John L. Allen Jr., que está em viagem junto com Bento XVI à Jordânia, a Israel e aos territórios palestinos até o dia 15, publicada no sítio National Catholic Reporter, 12-05-2009. A tradução é de Moisés Sbardelotto.

Na verdade, outros comentaristas judeus têm sido até agora muito mais positivos, acentuando a importância da escolha do papa de visitar o Yad Vashem e o seu firme compromisso com a memória do Holocausto. Um número surpreendente de vozes críticas, no entanto, viram a visita como uma oportunidade perdida. (Notavelmente, essas vozes incluem o presidente da mesa de diretores do Yad Vashem.)

Apesar de alguns pontos relativamente menores com relação à escolha de palavras – porque Bento disse que os judeus foram "mortos", e não "assassinados", e que "milhões" de judeus morreram em vez de "seis milhões", mesmo que ele tenha citado esse número em um discurso anterior no aeroporto de Tel Aviv – o ímpeto central das críticas se centrou em três pontos que faltaram ao discurso:

  • O reconhecimento do papel que os cristãos antissemitas desempenharam ao moldar atitudes que levaram ao Holocausto; 
  • A referência à própria biografia de Bento como um alemão que viu os horrores do regime nazista com os seus próprios olhos e que foi recrutado pelo exército alemão; 
  • O arrependimento pela recente tensão nos laços católico-judaicos causada pela revogação da excomunhão de quatro bispos tradicionalistas, incluindo um,Richard Williamson, que é negacionista.

Na verdade, Bento não tocou em nenhum desses pontos nesta segunda-feira e nem durante a sua visita ao legendário Muro das Lamentações de Jerusalém. No ano 2000, João Paulo II deixou um bilhete no Muro pedindo perdão pelo "comportamento daqueles que causaram sofrimento a estes teus filhos". Nesta manhã, Bento XVI deixou um bilhete pedindo que Deus "envie sua paz para essa Terra Santa, para o Oriente Médio, para toda a família humana".

Já que era totalmente previsível que a ausência desses três pontos do discurso do Yad Vashem causaria reações, a pergunta de um milhão de dólares é a seguinte: por que Bento não os abordou?

Seria fácil responder se fosse claro que Bento, na verdade, não pensou nessas coisas – isto é, se ele não acreditava que as atitudes antissemitas entre cristãos desempenharam algum papel no Holocausto, ou que a sua experiência pessoal é irrelevante para o que o Yad Vashem simboliza, ou que ele não sentiu remorso pelo caso Williamson. Então, sua decisão em não abordar esses pontos faria todo o sentido para o mundo.

De fato, porém, Bento pensa e diz precisamente o contrário.

Em dezembro de 1990, o então cardeal Joseph Ratzinger escreveu um artigo direto para o L'Osservatore Romano reconhecendo que muitos cristãos falharam em resistir à atração do antissemitismo, e que essa falha contribuiu para o Holocausto. Em sua autobiografia "Milestones. Memoirs: 1927-1977" (Editora Ignatius Press), ele escreveu amplamente sobre as lições que aprendeu ao crescer à sombra de Hitler e dos nazistas, e durante a sua visita a Auschwitz em 2006 ele falou do significado de ser "um Papa alemão" e "um filho da Alemanha" nesse lugar. Há poucas semanas, ele dirigiu uma carta a todos os bispos da Igreja expressando sua profunda angústia com o caso Williamson.

Então, mais uma vez, a inevitável questão: por que ele não disse nada disso no Yad Vashem?

O padre jesuíta Federico Lombardi, o porta-voz do Vaticano, tentou responder a essa questão em uma sessão com os repórteres nesta terça-feira, em Jerusalém.

"Ele não tem que repetir todas as vezes, em todos os discursos, todos os pontos que ele fez no passado sobre a tragédia do Holocausto", disse Lombardi. "Muitas pessoas que não escutaram o que o papa disse nas outras ocasiões esperam que ele repita isso em todos os momentos, mas isso não é possível".

Certamente, esse é o ponto. Inevitavelmente, porém, há uma diferença entre dizer isso em um artigo no L'Osservatore Romano ou em uma carta aos bispos, e dizê-lo no Yad Vashem – onde praticamente todas as grandes redes de notícias do mundo estão transmitindo o evento ao vivo, e quando é uma das raras ocasiões em que o papa conquistou o acesso à "rua" israelense e judaica.

Se poderia argumentar, claro, que Bento não quis macular o significado da visita ao Yad Vashem usando o seu discurso para apagar incêndios ou para marcar pontos em termos de relações públicas. Também é verdade que Bento é reconhecido por pensar em termos de séculos, o que implica que a sua preocupação central raramente é a manchete do dia seguinte.

Porém, Lombardi pareceu tocar em uma lógica mais profunda da forma com que Bento XVI escolhe suas palavras. O tema do discurso, insistiu Lombardi, foi "memória", e foi aí que o pontífice colocou o foco.

De fato, a frase mais dramática do discurso veio próximo do final. Meditando em voz alta à vista do espelho d’água no Yad Vashem, onde os rostos das vítimas do Holocausto estão voltados aos visitantes, Bento disse que a memória dos que foram perdidos é "um grito que se eleva contra todo ato de injustiça e de violência (...), uma condenação perpétua de todo derramamento de sangue inocente".

Talvez, as palavras-chave dessa linha de pensamento são "todo" e "perpétua". Em monumentos à maldade como Auschwitz e Yad Vashem, Bento parece obrigado a oferecer reflexões que sejam deliberadamente universais e eternas.

Em ambos os casos, ele reconheceu claramente a especificidade do sofrimento judeu no Holocausto e decidiu assegurar que esses crimes nunca mais devem se repetir. No entanto, Bento XVI parece ver esses cenários – não apenas os memoriais do Holocausto, mas também, por exemplo, o lugar dos ataques terroristas do 11 de setembro em Nova Iorque, que ele visitou em abril passado – como lembranças eternas do poder sedutor do ódio. Tem-se a impressão de que, para ele, se falharia em fazer justiça com o que esses lugares representam se ele tivesse voltado o foco sobre si mesmo, ou sobre eventos ou planos de ação recentes, ou mesmo às particularidades históricas do local.

Em uma frase, ele parece acreditar que as ocasiões para se engajar aos mistérios mais profundos e mais dolorosos do plano de Deus requerem algo mais de um Papa do que um bom manejo de imagem.

Dessa forma, claro, parece muito nobre. O problema é que Bento, no entanto, é papa aqui e agora, e qualquer coisa que ele fizer e disser – ou, neste caso, deixar de dizer – tem consequências imediatas para o mundo real: para as relações inter-religiosas, para a imagem pública da Igreja católica, para a sua capacidade de ouvir e assim por diante. Pensar em termos de séculos, quando se fala em público, é uma disposição acadêmica maravilhosa, mas pode ser algo delicado para um líder no palco global.

Independentemente do que se fizer com a abordagem de Bento nestes momentos, uma coisa, porém, parece clara depois de quatro anos, que foi reforçada nesta semana: este é quem Bento XVI é, e ele provavelmente não irá mudar simplesmente porque as manchetes do dia seguinte não são como ele gostaria que fossem.

terça-feira, 12 de maio de 2009

Ditos de sabedoria

Santo Agostinho, bispo e doutor da Igreja (354-430)

"Quem ama a liberdade e deseja estar livre do amor das coisas passageiras, aquele a quem apetece reinar, que fique unido e submisso a Deus, o único Senhor de todas as coisas, amando-o mais do que a si mesmo.

"Essa é a perfeita justiça - a que nos leva a amar mais o que vale mais, e amar menos o que vale menos.

"Que uma alma sábia e perfeita seja amada tal como nós a vemos. Uma alma insensata - não como nós a vemos - mas pela capacidade que possui de perfeição e sabedoria. Nem a nós mesmos devemos nos amar como se fôssemos uns incapazes. Pois quem se ama como incapaz nào progride na sabedoria. Ninguém há de se tornar o que aspira a ser, se não lhe aborrecer ser o que é presentemente."

(De vera religione, 48, 93)

segunda-feira, 11 de maio de 2009

Obrigado!

Ao atingirmos a cifra de 10.000 acessos ao BLOG DO PADRE ELÍLIO, desde janeiro pp. (quando colocamos o contador), queremos agradecer a cada qual dos que têm visitado, apoiado, incentivado e contribuído de alguma maneira a fim de que este modesto trabalho seja levado adiante como um serviço à verdade e à fé católica. 

Obrigado, e que Deus, pela intercessão da Bem-aventudada Virgem, abençoe um a um!

Pe. Elílio de Faria Matos Júnior

domingo, 10 de maio de 2009

Deus abençoe o Papa


Deus abençoe o Papa Bento XVI, dê-lhe muitos anos de vida, e que seu magistério seja ouvido e seguido pelos católicos! Cristo fala pela boca do Sucessor de Pedro!

quinta-feira, 7 de maio de 2009

Papa explica que quem está em Cristo «não tem medo de nada nem de ninguém»

O senhorio de Cristo sobre o cosmos é a «chave» para uma relação correta com o Criador

Por Inma Álvarez

CIDADE DO VATICANO, quarta-feira, 14 de janeiro de 2009 (ZENIT.org).- O cristão «não tem medo de nada nem de ninguém», pois Cristo, cabeça da Igreja, é o Senhor do cosmos, assegurou Bento XVI nesta quarta-feira, durante a audiência geral realizada na Sala Paulo VI. 

Continuando com o ciclo sobre São Paulo, no bimilênio de seu nascimento, o Papa explicou um aspecto da doutrina paulina contido nas cartas aos Colossenses e aos Efésios – duas cartas «quase gêmeas», explicou – que é a consideração de Cristo como «cabeça» da Igreja e de todo o cosmos, e as implicações que isso tem para a vida dos cristãos. 

Este «senhorio de Cristo» sobre «as potências celestes e o cosmos inteiro» constitui «uma mensagem altamente positiva e fecunda» para o homem pagão de ontem e de hoje, explicou aos mais de quatro mil peregrinos que participaram do encontro. 

«Para o mundo pagão, que acreditava em um mundo cheio de espíritos, em grande parte perigosos e contra os quais era preciso defender-se, aparecia como uma verdadeira libertação o anúncio de que Cristo era o único vencedor e de que quem estava com Cristo não tinha que temer ninguém.»
O Papa acrescentou que «o mesmo vale para o paganismo de hoje, porque também os atuais seguidores destas ideologias veem o mundo cheio de poderes perigosos. A estes é necessário anunciar que Cristo é vencedor, de modo que quem está com Cristo, quem permanece unido a Ele, não deve temer nada nem ninguém». 
Iswo é importante também para os cristãos, acrescentou: «devemos aprender a enfrentar todos os medos, porque Ele está acima de toda dominação, é o verdadeiro Senhor do mundo». 

Cristo, explicou o Papa, «não tem que temer nenhum eventual competidor, porque é superior a qualquer forma de poder que tentar humilhar o homem. Só Ele ‘nos amou e entregou a si mesmo por nós’ (Ef 5, 2). Por isso, se estamos unidos a Cristo, não devemos temer nenhum inimigo e nenhuma adversidade; mas isso significa também que devemos permanecer bem unidos a Ele, sem soltar!». 

Isso tem outra implicação, assinalou, e é que o cosmos «tem sentido»: «não existe, por uma parte, o grande mundo material e por outra esta pequena realidade da história da nossa terra, o mundo das pessoas: tudo é um em Cristo». 

Esta visão não só é «racional», mas é inclusive «a mais universalista»: «a Igreja reconhece que Cristo é maior que ela, dado que seu senhorio se estende também além de suas fronteiras». 

«Tudo isso significa que devemos positivamente considerar as realidades terrenas, porque Cristo as recapitula em si, e ao mesmo tempo, devemos viver em plenitude nossa identidade específica eclesial, que é a mais homogênea à identidade do próprio Cristo», acrescentou o Papa. 

Desta consciência vem aos cristãos «a força de atuar de forma reta», tanto diante dos demais como com a criação, explicou. 

«Estas duas cartas são uma grande catequese, da qual podemos aprender não só como ser bons cristãos, mas também como chegar a ser realmente homens. Se começamos a entender que o cosmos é a marca de Cristo, aprendemos nossa relação reta com o cosmos, com todos os problemas de sua conservação.»

Assim também «aprendemos a vê-los com a razão, mas com uma razão movida pelo amor, e com a humildade e o respeito que permitem atuar de forma correta», acrescentou. 

Por outro lado, «se pensamos que a Igreja é o Corpo de Cristo, que Cristo se deu a si mesmo por ela, aprendemos como viver com Cristo o amor recíproco, o amor que nos une a Deus e que nos faz ver ao outro como imagem de Cristo, como Cristo mesmo». 

Diante deste «mistério de Cristo», afirmou o Papa, «as meras categorias intelectuais são insuficientes»

«Reconhecendo que muitas coisas estão além de nossas capacidades racionais, devemos confiar na contemplação humilde e gozosa não só da mente, mas também do coração. Os pais da Igreja, por outro lado, nos dizem que o amor compreende muito mais que a razão apenas», concluiu.