quinta-feira, 12 de março de 2009

Entrevista com o Cardeal Cañizares

Publicamos parcialmente a entrevista que o Cardeal Cañizares, novo Prefeito da Congregação do Culto divino e Disciplina dos Sacramentos, concedeu à Revista 30 Dias. Esta versão espanhola da entrevista deve-se ao blog La Buhardilla de Jerónimo, que traz o texto integral. O Cardeal fala sobre a reforma litúrgica, a Missa de S. Pio V e outras coisas.
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El cardenal Antonio Cañizares Llovera, español originario de la región valenciana, que cumplirá 64 años en octubre, es el nuevo prefecto de la Congregación para el Culto divino y la Disciplina de los sacramentos. Con él, España vuelve a tener un jefe de dicasterio en la Curia Romana. De carácter jovial, aún teniendo fama de ser un “duro”, el purpurado nos recibe en las oficinas que dan a la Plaza de San Pedro. Antes de venir a Roma, el cardenal ha sido obispo de Ávila, luego de Granada y, por último, de Toledo. Ha sido también vicepresidente de la Conferencia episcopal española. El hecho de que ahora su residencia se encuentre en la Urbe no le impide mantener un vínculo con su país. También por esto ha aceptado escribir semanalmente para el periódico madrileño La Razón.

Eminencia, usted ha sido nombrado por el Papa prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos el pasado 9 de diciembre. De esta llamada a Roma se hablaba desde algún tiempo atrás…
En efecto, era así. Se había convertido casi en una persecución. No podía aparecer en público que los periodistas, pero no sólo ellos, me preguntaban: ¿cuándo parte para Roma? Pero eran “rumores”. Y así ha sido hasta que el Papa me comunicó su decisión en el curso de la audiencia que me concedió el 20 de noviembre de 2008.
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Su formación sacerdotal ha madurado durante la transición del pre al post Concilio…
En efecto, he ingresado en el seminario diocesano de Valencia en 1961, a los 16 años. Luego, desde 1964 a 1968 he estudiado en la Pontificia Universidad de Salamanca donde he conseguido la licenciatura en Teología. En 1970 he sido ordenado sacerdote y al siguiente año he conseguido, en el mismo Ateneo, el doctorado con la especialización en Catequesis.
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Por lo tanto, usted es el primer prefecto de la Congregación para el Culto Divino que ha celebrado directamente con el Novus Ordo postconciliar…
Evidentemente es así. He celebrado con el Misal de 1962 sólo recientemente, en el 2007, cuando ordené dos sacerdotes del Instituto Cristo Rey en Gicigliano, cerca de Florencia.
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¿Qué recuerdo tiene de aquella fase de reforma litúrgica?
Creo que una profundización y una renovación de la Liturgia eran necesarias. Pero, por como yo la he vivido, no ha sido una operación perfectamente lograda. La primera parte de la constitución Sacrosanctum Concilium no ha entrado en el corazón del pueblo cristiano. Ha sido un cambio en las formas, una reforma, pero no una verdadera renovación como pidió la Sacrosanctum Concilium. A veces se ha cambiado por el simple gusto de cambiar respecto a un pasado percibido como todo negativo y superado. A veces se ha concebido la reforma como una ruptura y no como un desarrollo orgánico de la Tradición. De aquí todos los problemas suscitados por los tradicionalistas ligados al rito de 1962.
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Por lo tanto, ¿se ha tratado de una reforma que, en los hechos, no ha respetado plenamente el mandato conciliar?
Más que otra cosa, diría que ha sido una reforma que ha sido aplicada y principalmente ha sido vivida como un cambio absoluto, como si se debiera crear un abismo entre el pre y el post Concilio, en un contexto en el que “preconciliar” era usado como un insulto.
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A decir verdad, incluso hoy en día normalmente es así. Sin embargo, cuando fue publicado su nombramiento, hubo quien describió su evolución teológica como una parábola que ha partido de posiciones más bien progresistas para arribar luego en posiciones conservadoras. En la práctica, es el mismo itinerario “imputado” al Papa Benedicto. ¿Usted lo reconoce?
En 1967, cuando estudiaba para sacerdote, leí un artículo del entonces profesor Joseph Ratzinger sobre la renovación de la Iglesia después del Concilio, artículo que ponía en guardia sobre algunos desvíos que ya estaban en acto. Lo compartí plenamente. El Concilio ha sido una bendición para la Iglesia. Yo lo he vivido siempre no como una ruptura con la Tradición sino como una confirmación de la Tradición, actualizada para poder ser ofrecida al hombre de hoy. En esto, no creo haber cambiado. Quien me conoce, sabe bien que, en mi vida, no ha habido “vueltas en u”. Basta leer lo que ha escrito Juan Martín Velasco en el País después de mi nombramiento.
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Usted, en los medios de comunicación, es conocido como “el pequeño Ratzinger”. ¿Qué efecto le produce este epíteto?
Bah… [sonríe, ndr], será porque ambos tenemos el cabello completamente blanco… Tal vez el sobrenombre ha nacido cuando, entre 1985 y 1992, he sido secretario de la Comisión episcopal para la Doctrina de la fe. Para mí, obviamente, ha sido un grandísimo honor ser comparado con el cardenal Ratzinger, con mayor razón hoy. Pero, que quede claro, no me considero digno. Non sum dignus. Sinceramente.
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¿Cuándo lo ha conocido personalmente?
En 1987, durante una reunión de los presidentes de las Comisiones episcopales europeas para la Doctrina de la fe. Luego este conocimiento pudo profundizarse también por mi colaboración en la preparación del Catecismo de la Iglesia Católica publicado en 1992 y en su traducción a la lengua española. Y, por último, con mi nombramiento como miembro de la Congregación para la Doctrina de la fe.
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Usted es también miembro de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”. ¿Cómo valora el motu proprio Summorum Pontificum?
Aún si alguno lo ha acogido con mal humor, ha sido un gesto de extraordinario sentido común eclesial. Con el que se ha reconocido plenamente válido un rito que ha nutrido espiritualmente a la Iglesia latina por más de cuatro siglos. Creo que este motu proprio es una gracia que fortificará la fe de grupos tradicionalistas que ya están orgánicamente presentes en la Iglesia y que ayudará al retorno de los llamados lefebvristas… Será también una ayuda para todos.
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Usted ha tenido contactos con los lefebvristas, ¿qué piensa del levantamiento de las excomuniones a los obispos y las polémicas que siguieron?
No he tenido contactos con el mundo llamado “lefebvrista”. Con respecto al levantamiento de las excomuniones, mi pensamiento es sencillo. Ha sido un gesto de misericordia gratuita del Santo Padre para ayudar a su plena inserción en la Iglesia Católica. Es evidente que esto podrá ocurrir sólo después de que ellos reconozcan todo el Magisterio de la Iglesia, incluido el expresado por el Concilio Vaticano II y por los últimos pontífices. Pero debemos reconocer que la unidad es inseparable de la cruz.
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¿Y respecto a las afirmaciones negacionistas o reduccionistas de la Shoah del obispo Williamson?
Se trata de insensateces que el Papa y la Santa Sede han rechazado con firmeza en reiteradas ocasiones. Espero y rezo para que, cuanto antes, el interesado se retracte oficial y claramente. Añado, sin embargo, que no ha sido un bello espectáculo el modo en que el Papa ha sido tratado, también por quienes están dentro de la Iglesia, en todo este asunto. Afortunadamente, al menos, la Iglesia española ha emitido un bello comunicado de filial apoyo a nuestro gran Benedicto XVI.
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Volvamos a la Liturgia. Usted, como arzobispo de Toledo, ha celebrado también el antiquísimo rito mozárabe.
En efecto, cada día en la Catedral de Toledo se celebra la Misa y se recitan las laudes, también según este antiquísimo rito que sobrevivió a la reforma tridentina. Es necesario recordar, de hecho – y a algunos tal vez no les gusta hacerlo -, que el así llamado Misal de san Pío V no abolió todos los ritos precedentes. Fueron, de hecho, “preservados” aquellos ritos que tenían, por lo menos, dos siglos de historia. Y el rito mozárabe – junto, por ejemplo, al rito propio de la orden dominica – estaba entre éstos. De este modo, después del Concilio de Trento no hubo una absoluta uniformidad en la Liturgia de la Iglesia latina.
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¿Cuáles son, además de las que ya hemos mencionado, las cuestiones que deberá afrontar al desempeñar esta nueva misión?
Ayudar a toda la Iglesia a seguir plenamente lo que ha indicado el Concilio Vaticano II en la constitución Sacrosanctum Concilium. Ayudar a comprender plenamente lo que el Catecismo de la Iglesia Católica dice sobre la Liturgia. Atesorar lo que el Santo Padre - cuando era el cardenal Joseph Ratzinger – ha escrito sobre el argumento, especialmente en el bellísimo libro “Introducción al espíritu de la liturgia”. Atesorar cómo el Santo Padre – asistido por la Oficina de las celebraciones litúrgicas que preside monseñor Guido Marini – celebra la Liturgia. Las liturgias pontificias, de hecho, han sido siempre, y siguen siendo, ejemplares para todo el orbe católico.
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En una entrevista concedida en España, usted ha elogiado la decisión del Papa de distribuir la Eucaristía, en las liturgias que preside, sólo de rodillas y en la boca. ¿Están previstos cambios, al respecto, en la disciplina universal de la Iglesia?
Como es sabido, la actual disciplina universal de la Iglesia dispone que, por norma, la Comunión sea distribuida en la boca de los fieles. Hay, luego, un indulto que permite, a petición de los episcopados, distribuir la Comunión también sobre la palma de la mano. Es bueno recordar esto. El Papa, entonces, para dar mayor importancia a la debida reverencia con que debemos acercarnos al Cuerpo de Jesús, ha querido que los fieles que toman la Comunión de sus manos lo hagan de rodillas. Me ha parecido una hermosa y edificante iniciativa del obispo de Roma. Las normas actuales no obligan a nadie a hacer lo mismo. Pero tampoco lo impiden.

Texto original: 30Giorni
Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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